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Le apodo "La muerte"


Continuación...



Sigo pensando el porqué sigue conmigo o más bien el cómo me encontró, pero la verdad es que yo creo que fui yo quien la encontró a ella. Cuando era un niño, vivía en el pueblo, todos sabían de qué familia venía, sabían dónde vivía, quiénes eran mis abuelos, mis papás y demás. Un pueblo al fin y al cabo, todos saben todo de todos, es imposible que algo pase y que todos no lo sepan, así que es algo común ir caminando y que todos te saluden siempre, es algo incómodo también ir caminando y sentir que todos te están viendo, o al menos para mí lo era porque siempre sentí que me miraban con cierta curiosidad, como si yo no perteneciera a ese lugar.

Por las noches solíamos jugar a las escondidas, primos, amigos y vecinos, sin exagerar, éramos como 30 niños, o al menos, éramos 30 al principio. Al lado de la casa de mis abuelos había un campo en donde jugábamos, era muy grande, muy rara vez le hacían mantenimiento, así que se podrán imaginar cómo se veía, era un campo de arena y lleno de maleza por el poco cuidado que tenía. A sus alrededores había casas descuidadas y camiones grandes igual de descuidados, carros que no encendían y que no se usaban hace mucho tiempo, todo se veía increíblemente tétrico y tenebroso, así que era el lugar perfecto para niños que querían jugar y asustar a los más pequeños.

En toda la esquina del campo había una estatua del planeta Tierra con una cruz un tanto extraña, cruz que todo el mundo veía normal, excepto yo que la veía como si estuviera al revés. En fin, toda esa estatua destacaba porque estaba hermosa y muy cuidada a comparación de todo lo demás, pero es extraño porque precisamente por eso todo el mundo hablaba de ella, nunca habían visto a nadie pintándola o limpiándola para que siempre se viera así de bien, así que empezaron a haber rumores, le apodaron "la cruz". Esos rumores empezaron a rodar por todos lados como es normal en un pueblo, el que más recorría las casas fue el de que era la casa de una bruja y por eso siempre estaba tan bien. Ese rumor dejó de ser solo eso, cuando todo empezó a pasar ahí, después de las 11 de la noche decían que ni los niños ni los adultos con vicios podían pasar por ahí, porque sería la última vez que verían la luna, y también la última que verían el sol, o al menos, eso decía una anciana del pueblo, anciana a la que por cierto, siempre le tuve un profundo miedo.

Nadie quiso hacerle caso, pensaban que esa anciana estaba loca, e incluso pensaban que la bruja era ella. Los viernes, muchos decían haber visto después de las 11 de la noche a una mujer alta y encorvada caminando por el campo, que a veces se quedaba en el centro de él y empezaba a bailar, a saltar en un pie, a mover los brazos de forma extraña por todo su cuerpo y a gritar cosas como si fuera otro idioma, y esos gritos a veces se escuchaban como si fueran los gritos de algo que no era humano, era algo muy oscuro y diabólico, gritos y voces que no podrían venir de una anciana en una condición tan deplorable como en la que se encontraba ella, parecía como si estuviera haciendo un tipo de ritual, como si estuviera ofreciéndole algo a alguien, o a algo.





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