Ir al contenido principal

Le apodo "La muerte"


Le apodo "La muerte"


IntroducciĂłn.


Nací en un pequeño pueblo de Colombia, de esos pueblos de los que no se sabe nada y solo conocen, justamente, los que viven y nacieron allí. En mi pueblo hay ciertas tradiciones extrañas, pero la más macabra es la que les contaré. Cuando un niño nace el 13 de noviembre, por alguna extraña razón, un espíritu, familiar fallecido, o en el peor de los casos, un demonio, lo acompañará toda su vida, ya sea para protegerlo o intentar volverlo loco el resto de ella.


Yo nacĂ­ el 13 de noviembre de 2006. He tratado de pedir ayuda, pero cuando trato de hablar de ella, no puedo. Pero descubrĂ­ algo hace poco, parece que le gusta leer, asĂ­ que solo deja que la mencione en mis escritos.


*Primer capítulo, sé que estás ahí*


Estoy cansado de tanto pensar. Quisiera acostarme en una cama, en mi cama, o en cualquiera, me da igual, solo pido descansar, pero no puedo. Cuando el reloj marca las 12, siento el roce, y voy escuchando esas voces que me susurran: "La muerte no te lleva, porque tu alma en las noches es la única que la acompaña".


Y espero que me suelte, pero nunca se sacia, no me deja dormir tranquilo. Pero en parte le agradezco porque gracias a ella aún escribo. Sé que está ahí, a veces la siento muy cerca, tan cerca, que puedo ver su sombra. Trato de no prestarle atención, sé que le gusta, por eso mejor saco mi celular y empiezo a escribir.


Pero anoche se paró en la ventana y empezó a rasguñarla. Traté de ignorarla, porque cuándo se da cuenta que sé que está ahí, se acerca mucho más. Pero sentía como sus ojos me veían fijamente, esos ojos tan vacíos y fríos que tienen tal profundidad que lo único que pueden causar, es ansiedad, pánico, y ni siquiera miedo, terror.


Así que no pude evitar verla, cerré los ojos y cuando los volví a abrir, ya no estaba, o bueno, eso creía porque... Empecé a sentir su respiración por la habitación, respiración que antes solía confundir con niebla por lo áspera y espesa que es.


A veces puedo escuchar como camina por los alrededores de mi cama, a veces parece que quiere leer lo que escribo porque siento como me respira en el oído. Sabe cuando escribo de ella, porque puedo sentir esa sonrisa detrás de mi cuello, esa sonrisa tan macabra que a veces veo, desde el reflejo de mi celular.


Le apodo la muerte, porque desde que tengo memoria ha estado ahí. Cuando estoy solo en casa es cuando más suele hablarme. La ignoro porque cuando sabe que la escucho, suele dejar entrar a sus amigos y ellos, me asustan más.


Siempre había pensado que todo era parte de mi imaginación, pero ya tengo completa certeza de que no es así, ya se muestra más porque sabe que sé de su existencia, pero que sepa que está ahí en vez de quitarme el miedo, lo aumenta, traté de buscar una imagen, o algo que pudiera dejarles ver al menos medianamente cómo es, si eso les da miedo, si la ven en la vida real les ocurrirá lo mismo que a mí, no volverán, a conciliar el sueño.



Continuará.. 





Comentarios

Entradas más populares de este blog

Negro

Negro.  TenĂ­a miedo, muchas veces lo tuve. Cuando más lo sentĂ­ fue cuando lleguĂ© a Bogotá, a un ambiente completamente distinto. VenĂ­a de la costa, de un pueblo en el que todo el mundo se conoce con todo el mundo. Era muy alegre, habĂ­a mucho amor por todas partes y ahĂ­ tenĂ­as amigos por todos lados porque sentĂ­as que eran como tĂş, cosa que nunca sentĂ­ al llegar acá.  Lo primero que notĂ© fue que no era tan comĂşn ver a gente negra y, por ende, aĂşn no sabĂ­a lo que era ser un negro en donde solo habĂ­a blancos. Nunca habĂ­a sentido o visto un trato asĂ­ cuando niño porque de donde venĂ­a, como habĂ­a dicho antes, eran como yo, tenĂ­an mi color de piel, mis costumbres, mi pelo, mi nariz grande, mis ojos oscuros, mi sonrisa, mi fuerza, mi alegrĂ­a, mi luz. Luz que sentĂ­a que se iba apagando cada vez más porque, cuando vas caminando por la calle y te quedan viendo como si no fueras humano, como si fueras un animal o como nos suelen decir, un mono, alguien feo y distinto. Cuando eres solo un...

No sabía que te extrañaba

  No sabĂ­a que te extrañaba SalĂ­ con una chica hace poco. Era muy linda. Me preguntaba muchas cosas y parecĂ­a que en realidad estaba interesada en mĂ­. No le volvĂ­ a hablar. Me hizo una pregunta que me hizo darme cuenta de que lo mejor para ella era no verme más. —Si pudieras estar en algĂşn lugar y quedarte por siempre ahĂ­, ¿dĂłnde estarĂ­as?—. Y me acordĂ© de ti. Le dije que en una casa junto a la playa, omitiendo que esa casa junto a la playa era en la que tĂş y yo soñábamos vivir algĂşn dĂ­a, junto a nuestros hijos, corriendo descalzos, sintiendo cada parte de la arena y del mar. No sabĂ­a cuánto te extrañaba hasta que los recuerdos empezaron a golpear cada parte de mi corazĂłn y de mi alma. Estás en mĂ­. No te puedo sacar. Porque esa casa junto al mar, y nuestros hijos, nos están esperando. El lugar es lo de menos; podrĂ­a estar en cualquier sitio donde tus bellos y grandes ojos me estĂ©n mirando. Porque tu sonrisa es mi paz, tu mirada mi calma, tus brazos mi hogar, y tu cuerpo, mi paisaje...