Él era... extraño. La primera y última vez que lo encontramos fue en la noche. Intentó robarnos, o bueno, eso pensábamos. Ni mi amigo ni yo teníamos la mas minima intención de darle algo, pero lentamente saco su billetera del bolsillo y de ella, un cuchillo. Cuchillo que creo que solo sacó por simple rutina, porque a decir verdad, no creo que lo necesitara.
Íbamos en una bicicleta los dos, nos bajamos de ella para ver una pelea de unos barristas. Mientras la veíamos, nos reíamos de como peleaban, parecían bailar, pues eran barristas y ñeros después de todo jaja, nos reíamos mientras los veíamos pelear, pero esa risa se esfumo de un momento a otro, de repente ya no habia nadie, todo se empezó a sentir extraño y raro asi que empezamos a caminar para irnos, pero empecé a sentir algo detras de mi, su respiración era tan espesa que todo empezó a nublarse, no quería voltear, toqué la espalda de mi amigo que estaba delante, espalda que ahora me trae de todo menos buenos recuerdos, mi amigo me vió y le dije, hay algo atrás, ahí fue cuando lo vimos, apareció de la nada, como si hubiera salido de la oscuridad, o más bien, como si la oscuridad hubiera salido de él.
Era más alto que yo, más negro, más corpulento, daba más miedo, y tenía unos ojos que no expresaban ningún tipo de emoción. Se veía a leguas que estaba cansado, pero no sé de qué, quizá de lo mismo de siempre todas las noches, robar e irse a casa.
Pero después me di cuenta que él no era un él, era un eso, y que su rutina probablemente no era solo robar, o más bien ni siquiera robaba. Su rutina era cazar, y nosotros éramos la presa de esa noche.
Al verlo, el miedo me consumía, ya ni siquiera me pasaba sangre por las venas, solo sentía como por mi cuerpo fluía puro terror. Pero tenía algo claro, no moriría ahí, no me dejaría quitar absolutamente nada, y menos, la vida.
Pensé que el solo quería la bicicleta y nuestros celulares, billeteras, relojes y lo que lleváramos con nosotros, pero no, él quería algo más. Solo me di cuenta de eso al ver que mi amigo tomaba una piedra.
No entendía por qué, pero él o eso, parecía que sabía lo que estaba pasando, sabía que lo atacariamos, y aún así, no hizo nada, solo esperó. Su cara, que antes no mostraba ningún tipo de sentimiento, me asustó a tal punto, que sentia como hasta mi alma estaba perpleja por la intensidad de su mirada, y todo inició, cuando mi amigo empezó a levantar esa piedra, esa cara, tan espeluznante y vil, fue cambiando, empezó a mostrar ansias, deseo, y esa horrible sonrisa, su cuerpo empezó a moverse involuntariamente, estaba eufórico, como si hubiera estado esperando ese momento toda su existencia, saltaba en un pie, se pasaba sus manos y brazos por todo su cuerpo, la movilidad que tenia, no era de un humano, lo único que quería hacer mi cuerpo, era correr, pero algo en mi me decía que no lo hiciera, y lastimosamente, debí haberle hecho caso.
Hasta ese momento, yo solo observaba, esperando que esa cosa diera algún tipo de señal de lo que en realidad quería. Todos mis pelos estaban de punta, ya que como les dije, mi amigo estaba recogiendo esa piedra, porque esa cosa, desde que llegó, solo me estaba viendo a mí y yo a él.
Yo podré tener mucho miedo, podré estar teniendo unas ganas de correr y gritar impresionantes, pero si siento que estoy en peligro, no muestro nada de eso, no se me nota porque no dejo que así sea, no me gusta lo débil, mucho menos verme así, pero creo que justamente por eso, desperté algo en esa cosa.
Mi indiferencia esta vez no estaba funcionando, había podido engañar a mucha gente así, pero no a él, no a esa cosa. Olía el miedo, mi miedo, tal cual como un depredador acechando a su presa, o al menos eso sentía yo, porque podía sentir como sus garras me acariciaban con solo verme.
Quizás estaba sorprendido, quizás por eso me veía con esas ansias. Saliva salía de su boca; seguramente lo que más esperaba en ese momento era que yo corriera para así alcanzarme y devorarme. No quería hacerlo, pero mi amigo lanzó esa piedra, corrió. Y fue solo cuestión de tiempo.
Cerré los ojos un momento y esa cosa ya estaba detrás de él. Su cuerpo empezó a alargarse; sus manos, de lo gigantes que eran, comenzaron a deformarse. Sus dedos, no parecían dedos: eran garras llenas de sangre, llenas de la sangre de la espalda de mi amigo. Solo pude ver cómo se lanzó sobre él y le abrió la espalda en dos, empezó a arrancarle la piel de su cuerpo solo con sus manos… o lo que sea que fueran esas cosas, y empezó a devorarlo.
Quise correr, pero mi cuerpo no reaccionó porque, mientras lo devoraba, me miraba a mí, esperando. Esperando que quisiera huir de él para así entrar en su juego y divertirse unos segundos antes de atraparme y devorarme. Solo veía el cuerpo de mi amigo completamente destrozado; había sangre por todos lados.
Cerré los ojos por la impresión y, cuando los volví a abrir, esa cosa ya no estaba ahí. Cuando miré hacia atrás, la cabeza de mi amigo estaba al lado de mi pie. No pude evitar gritar y empecé a correr.
Busqué la bicicleta y me monté, pero antes pisé una rama y vi cómo esa cosa empezó a correr detrás de mí, con la lengua afuera y con el brazo de mi amigo en sus garras. O no sabía si era de él, porque ya no tenía casi nada de piel ni de carne.
Ya me estaba alcanzando, decidí bajarme y lo ataque con la bicicleta. No se defendió, solo dejo que lo atacara, gracias a eso se la incrusté en el cuello. Se quedó quieto. Pensé que lo había matado. Me acerqué y esa cosa empezó a rasgarse la cara de tal forma que se la desfiguró totalmente. Se sacó la bicicleta del cuello y la lanzó. Al verme, empezó a reír y a gritar:
—¡Corre, corre, corre! Tu sangre será la próxima en sentir mi cara.
Empecé a subir las escaleras del parque para tirarme desde lo más alto y no morir de esa forma tan grotesca. Ya estaba en la punta y me tiré. Prefería morir así.
Pero esa cosa… esa cosa saltó junto a mí y me despedazó en el aire. Sentí cómo cada centímetro de mi piel se separaba de mí y, antes de perder la conciencia, escuché a esa cosa decir:
—Los cuerpos que pelean son los que amo devorar. Su sangre es más espesa y así mi cara puedo cambiar.

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