Ir al contenido principal

Diario de un narcisista 5



Capítulo 5.


¿Cómo pido perdón si yo mismo grito que no lo merezco? Cada lágrima que sale de mi cara es culpa que tengo acumulada, y por eso, hace mucho ya no sale ninguna. No puedo tener compañía; solo hago daño y destruyo todo lo que toco, o al menos, lo que me siente y quiere seguir sintiéndome. Pero yo soy como el tiempo, no paro, solo sigo. No me importa si te estás muriendo por tenerme un poco más; yo no espero a nadie, y ya me da igual, ya me da igual ser bueno o malo, solo soy yo.


La noche es la única que me abraza y no sale lastimada, quizá por el frío que me arropa, o quizá porque es la única que me hace sentir algo sin tener que quitarme la ropa. Ya casi no río, ya casi no me emociono, ya casi no siento, ya casi, nada. Lo único que me causa algo es que cada vez me relaciono menos con los demás. Me alivia saber que alguien como yo se va aislando. Es necesario que nadie me quiera; si llegan a quererme, nunca más volverán a poner algo o a alguien por encima de mí. No sé ni siquiera recibir amor, así que no esperes tampoco que sepa darlo.

Soy raro; me gusta hacer cosas muy específicas, y dichas cosas solo me gustan si las hago yo. Algunas son comunes, otras no tanto. Por ejemplo, en las mañanas me gusta hacer un buen café. Lo hago y saboreo muy despacio. Me gusta sentir el amargo, el dulce y lo caliente que es. Disfruto el proceso, incluso cada gota derramada. Presto atención y me hago muchas preguntas, tales como: ¿por qué la taza, siendo tan frágil, puede contener algo tan peligroso como un líquido hirviendo? Y esta mañana llegué a la conclusión de que quizá espera acostumbrarse a él, o al menos tiene la pequeña y vaga esperanza de que su temperatura cambie. Pero yo siempre he sido ese líquido, y la taza, tarde o temprano, termina cediendo, y muy lentamente, se rompe. Presten atención: no estoy hablando solo de la taza, ni del líquido.

En fin, hace mucho que no tomaba este diario; trataré de hacerlo más seguido. Las voces en mi cabeza solo se calman cuando escribo; no se callan, solo dan ideas. A veces las tomo, a veces no, como las pastillas que me recetó aquel doctor. Aunque ¿quién sabe? Puede ser solo mi imaginación.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Diario de un narcisista

Prólogo. El ser humano es complicado. Yo lo soy. Cuando siento que estoy sintiendo mucho, la mayoría de las veces es cuando estoy sintiendo menos. Y cuando siento que estoy sintiendo menos, la mayoría de las veces es cuando estoy sintiendo más. Antes no quería llorar porque si papá me veía llorando, me daba las razones que él creía que eran válidas para llorar, no diciéndomelas, sino golpeándome. Así, como quien dice, "menos palabras y más acciones". Jaja. Mencioné antes que no quería llorar por eso y porque me sentía pequeño, débil e indefenso. Pero ahora, cuando quiero llorar, no puedo. Ya las lágrimas no salen de mis ojos. Y es raro, porque antes me dolía ver y sentir esas lágrimas recorriendo cada parte de mi cara. Digo que es raro porque ahora me duele que ya casi no salgan, que casi no las siento, que ya casi no las veo. Y me duele sentir que perdí esa capacidad de desahogarme, porque a veces lo necesito y ya no sé cómo hacerlo. Mamá me ha dicho que necesito un psicólog...

Negro

Negro.  Tenía miedo, muchas veces lo tuve. Cuando más lo sentí fue cuando llegué a Bogotá, a un ambiente completamente distinto. Venía de la costa, de un pueblo en el que todo el mundo se conoce con todo el mundo. Era muy alegre, había mucho amor por todas partes y ahí tenías amigos por todos lados porque sentías que eran como tú, cosa que nunca sentí al llegar acá.  Lo primero que noté fue que no era tan común ver a gente negra y, por ende, aún no sabía lo que era ser un negro en donde solo había blancos. Nunca había sentido o visto un trato así cuando niño porque de donde venía, como había dicho antes, eran como yo, tenían mi color de piel, mis costumbres, mi pelo, mi nariz grande, mis ojos oscuros, mi sonrisa, mi fuerza, mi alegría, mi luz. Luz que sentía que se iba apagando cada vez más porque, cuando vas caminando por la calle y te quedan viendo como si no fueras humano, como si fueras un animal o como nos suelen decir, un mono, alguien feo y distinto. Cuando eres solo un...

Le apodo "La muerte"

Le apodo "La muerte" Introducción. Nací en un pequeño pueblo de Colombia, de esos pueblos de los que no se sabe nada y solo conocen, justamente, los que viven y nacieron allí. En mi pueblo hay ciertas tradiciones extrañas, pero la más macabra es la que les contaré. Cuando un niño nace el 13 de noviembre, por alguna extraña razón, un espíritu, familiar fallecido, o en el peor de los casos, un demonio, lo acompañará toda su vida, ya sea para protegerlo o intentar volverlo loco el resto de ella. Yo nací el 13 de noviembre de 2006. He tratado de pedir ayuda, pero cuando trato de hablar de ella, no puedo. Pero descubrí algo hace poco, parece que le gusta leer, así que solo deja que la mencione en mis escritos. *Primer capítulo, sé que estás ahí* Estoy cansado de tanto pensar. Quisiera acostarme en una cama, en mi cama, o en cualquiera, me da igual, solo pido descansar, pero no puedo. Cuando el reloj marca las 12, siento el roce, y voy escuchando esas voces que me susurran: "L...