Ir al contenido principal

Más que eso.




Ya no sé, quisiera de verdad saber porqué, pero es que en serio no sé como verte y ya nada sentir, ya no sé cómo ver tus grandes y lindos ojos cafe y que no se mueva algo en mí.


Trato de dejarte en paz y verte como una amiga más, pero cuando nuestros ojos se cruzan me doy cuenta de que si me voy y te dejo atrás, mi corazón no me lo perdonaría, jamás, porque no quiero una amistad, quiero más que eso, y si te dejo ir algún día, nunca podré soltar ese peso.


No soy bueno para ti, eso mucho me lo suele alguien decir, pero tampoco se como explicar lo que siento aquí, en este corazón, que es débil ante tu tacto y olor, y para estar lejos de ti, no encuentra ninguna razón.


Porque soy egoísta, no quiero que nadie más te sienta, quiero rosar tus labios lentamente hasta que olvides que sí ofrezco amor, pero que ofrezco más ausencia.


Sé que no te puedo pedir que me entiendas, porque a veces ni siquiera me entiendo yo, quizá no se que es el amor, o no creo que alguien elija quedarse y amar, a un desastre como yo.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Diario de un narcisista

Prólogo. El ser humano es complicado. Yo lo soy. Cuando siento que estoy sintiendo mucho, la mayoría de las veces es cuando estoy sintiendo menos. Y cuando siento que estoy sintiendo menos, la mayoría de las veces es cuando estoy sintiendo más. Antes no quería llorar porque si papá me veía llorando, me daba las razones que él creía que eran válidas para llorar, no diciéndomelas, sino golpeándome. Así, como quien dice, "menos palabras y más acciones". Jaja. Mencioné antes que no quería llorar por eso y porque me sentía pequeño, débil e indefenso. Pero ahora, cuando quiero llorar, no puedo. Ya las lágrimas no salen de mis ojos. Y es raro, porque antes me dolía ver y sentir esas lágrimas recorriendo cada parte de mi cara. Digo que es raro porque ahora me duele que ya casi no salgan, que casi no las siento, que ya casi no las veo. Y me duele sentir que perdí esa capacidad de desahogarme, porque a veces lo necesito y ya no sé cómo hacerlo. Mamá me ha dicho que necesito un psicólog...

Negro

Negro.  TenĂ­a miedo, muchas veces lo tuve. Cuando más lo sentĂ­ fue cuando lleguĂ© a Bogotá, a un ambiente completamente distinto. VenĂ­a de la costa, de un pueblo en el que todo el mundo se conoce con todo el mundo. Era muy alegre, habĂ­a mucho amor por todas partes y ahĂ­ tenĂ­as amigos por todos lados porque sentĂ­as que eran como tĂş, cosa que nunca sentĂ­ al llegar acá.  Lo primero que notĂ© fue que no era tan comĂşn ver a gente negra y, por ende, aĂşn no sabĂ­a lo que era ser un negro en donde solo habĂ­a blancos. Nunca habĂ­a sentido o visto un trato asĂ­ cuando niño porque de donde venĂ­a, como habĂ­a dicho antes, eran como yo, tenĂ­an mi color de piel, mis costumbres, mi pelo, mi nariz grande, mis ojos oscuros, mi sonrisa, mi fuerza, mi alegrĂ­a, mi luz. Luz que sentĂ­a que se iba apagando cada vez más porque, cuando vas caminando por la calle y te quedan viendo como si no fueras humano, como si fueras un animal o como nos suelen decir, un mono, alguien feo y distinto. Cuando eres solo un...

Le apodo "La muerte"

Le apodo "La muerte" Introducción. Nací en un pequeño pueblo de Colombia, de esos pueblos de los que no se sabe nada y solo conocen, justamente, los que viven y nacieron allí. En mi pueblo hay ciertas tradiciones extrañas, pero la más macabra es la que les contaré. Cuando un niño nace el 13 de noviembre, por alguna extraña razón, un espíritu, familiar fallecido, o en el peor de los casos, un demonio, lo acompañará toda su vida, ya sea para protegerlo o intentar volverlo loco el resto de ella. Yo nací el 13 de noviembre de 2006. He tratado de pedir ayuda, pero cuando trato de hablar de ella, no puedo. Pero descubrí algo hace poco, parece que le gusta leer, así que solo deja que la mencione en mis escritos. *Primer capítulo, sé que estás ahí* Estoy cansado de tanto pensar. Quisiera acostarme en una cama, en mi cama, o en cualquiera, me da igual, solo pido descansar, pero no puedo. Cuando el reloj marca las 12, siento el roce, y voy escuchando esas voces que me susurran: "L...